Venezuela y la realidad que el capitalismo de compinches supo construir

© Sandra Iturriza

I

En Venezuela, desde 2016, la claudicación ético-política y programática de la élite gobernante abonó el camino para que, a través de la implementación de un programa de estabilización macroeconómica ortodoxo-monetarista, se desplegara el desenvolvimiento victorioso del neoliberalismo con características patrimonialistas. Así, en el sexenio 2018-2024, mientras unos sectores políticos debatían sobre las ventanas para la “transición a la democracia”, y otros ex tempore seguían anhelando la “transición socialista”, la economía política de Venezuela y la élite gobernante pegó un golpe de timón para enrumbarse hacia un particular capitalismo de compinches (Crony capitalism).

            Cuando en el libro La Larga Depresión venezolana (2022) decidimos hacer uso de este concepto para comprender las transformaciones del capitalismo venezolano posterior a 2016, no soslayamos su carácter problemático. La principal aprensión que teníamos con el concepto de crony capitalism era su propensión descriptiva y moralista, que era capaz de trasladar el debate que queríamos entablar justo a donde no deseábamos: la sempiterna e ideológica cantaleta según  la cual los orígenes de la Larga Depresión venezolana residen en una deriva corrupta del socialismo. Dicho de otra forma: el riesgo era que se traslade el peso del concepto al adjetivo “compinches” eludiendo al sustantivo “capitalismo”. Sin embargo, aunque no en su linaje usual, el concepto contaba con potencial a la hora de describir las transformaciones en las que se encontraba inmersa la economía venezolana, sobre todo en perspectiva comparada con otros procesos de acumulación por despojo asociados al neoliberalismo histórico, como el caso de la Rusia postsoviética. A fin de cuentas, mutatis mutandis, la economía política en la Rusia de Yeltsin y la Venezuela de Maduro era consecuencia del mismo fenómeno: al problema del capitalismo sin capital le salió al paso la acumulación por desposesión y la identidad entre Estado y capitalismo.

            Nuestro uso del concepto de capitalismo de compinches vino asociado a un entramado categorial más riguroso, a saber, el de la sociología política de la dominación de Max Weber. En nuestro criterio, Venezuela sí estaba sufriendo un profundo proceso de “transición”, pero “por abajo”, en su economía política y en la sociedad civil, que no tardará en expresarse “por arriba”, en su régimen político y en la sociedad política. Más precisamente, la economía política de Venezuela estaba transitando hacia lo que la sociología política weberiana conceptualizó como una dominación tradicional patrimonialista. Basta con traer a colación un par de citas de Weber para situar al lector en perspectiva. De acuerdo con Weber, “la dominación patrimonial y especialmente la patrimonial-estamental trata (…) a todos los poderes de mando y derechos señoriales económicos a la manera de probabilidades económicas apropiadas de un modo privado”. Además, en el patrimonialismo en su versión monopolista “el desarrollo del mercado se encuentra limitado irracionalmente con más o menos fuerza según el tipo del monopolio; las grandes probabilidades lucrativas están en la mano del dominador y de su cuadro administrativo[1]. En nuestro criterio, estamos ante dos ideas-fuerzas claves para reflexionar sobre la realidad venezolana actual: tanto la apropiación del dominador político de lo público de un modo privado como la apropiación de las grandes probabilidades lucrativas por parte del dominador político y sus cuadros administrativos o funcionarios.

II

            La acumulación por desposesión es siempre la respuesta al capitalismo sin capital. Sintéticamente, el proceso de acumulación trata de resolver la ausencia de capital a través del despojo. La desposesión no es más que un proceso de transferencia de riquezas de unos propietarios a otros de tales dimensiones que es capaz de relanzar al proceso de acumulación/concentración/centralización de capital. ¿Cuáles son las expresiones de la desposesión? Salarios por debajo de los niveles necesarios para la reproducción digna de la vida de la clase trabajadora; privatizaciones masivas de empresas de propiedad estatal; explotación de recursos naturales alejada de cualquier criterio de sustentabilidad ecológica, pero también de rentabilidad económica; reducción drástica del gasto destinado a la oferta de servicios e infraestructura pública; traslado del pago de deuda externa a los hogares a través de la monetización del déficit fiscal. Todas y cada una de estas formas de acumulación por desposesión fueron padecidas por los venezolanos durante la Larga Depresión, pero sobremanera en las fases de colapso (2016-2018), desastre (2019-2021) y estancamiento (2022-2024).

            El meollo del asunto es que, para que la acumulación por desposesión sirva como “solución” al capitalismo sin capital, se necesita de un tipo particular de relación entre Estado y capitalismo. Es precisamente en esa hibridación entre la lógica del poder y la lógica del dinero donde nacerá el capitalismo de compinches. Nunca está de más citar las célebres expresiones de Fernand Braudel al respecto: “El Estado moderno, que no ha creado al capitalismo pero sí lo ha heredado, tan pronto lo favorezca como lo desfavorezca; a veces lo deja expandirse y otras le corta sus competencias”. Luego sentenciará; “el capitalismo solo triunfa cuando se identifica con el Estado, cuando es el Estado (…) El Estado se muestra favorable u hostil al mundo del dinero según lo imponga su propio equilibrio y su propia capacidad de resistencia”[2]. Braudel está pensando en términos de hibridación/colonización por parte de la élite del dinero a la élite del poder, del capitalismo hacia el Estado. ¿Pero el proceso puede efectuarse en sentido inverso? Totalmente. Para la experiencia del patrimonialismo y el capitalismo de compinches venezolano, es necesario invertir el sentido y pensar en términos de hibridación/colonización de la élite del poder a la élite del dinero, del dominador político y sus cuadros administrativos a las grandes probabilidades lucrativas.

            Así las cosas, la dialéctica entre crisis económica y crisis política condujo a la élite gobernante a una posición de debilidad relativa de tal gravedad en el periodo 2013-2016, que esta adoptó un viraje estratégico radical en su relación con el mundo del dinero, pasando de la hostilidad a la simpatía. Una vez socavado su propio equilibrio y capacidad de resistencia ─a saber, la crisis del Estado en su conjunto de Gramsci─, la élite gobernante optó por una política del poder por el poder mismo a partir de 2016 que la obligó a buscar en la colonización del capitalismo y el mundo del dinero las fuentes de poder capaces de palear su crisis de hegemonía, autoridad y legitimidad. De suyo, ello conllevó a un proceso de adaptación selectiva entre capitalistas y agencias de acumulación de capital. El péndulo de Pirenne se trasladó de la regulación económica a la libertad económica, haciendo que los capitalistas comenzaran a disfrutar de unos años de condiciones favorables a medida que el peso de la restitución de las ganancias y las cuentas del Estado se posaba sobre el hombro de los asalariados. En definitiva, las líneas rojas del intercambio político entre el Estado patrimonialista y el capitalismo son: que no se contradiga la lógica del poder por el poder mismo y la dominación sin hegemonía, por un lado; y que se permita la libre irrupción del dominador y sus funcionarios en el mundo de la ganancia, por el otro.

III

            Colocar al concepto de capitalismo de compinches dentro del más extenso y riguroso andamiaje de la sociología política weberiana  tiene no solo un propósito hermenéutico, sino también crítico y de prognosis. En otras palabras, procura rastrear los orígenes y dinámicas, las causas y efectos, de la transición venezolana a la dominación patrimonialista y el capitalismo político. En esa dirección, en la conceptualización de Weber se van a distinguir entre tres formas ideotípicas de capitalismo ─vale aclarar, siempre visibles desde una perspectiva abstracta y analítica y no de totalidad─: capitalismo comercial, capitalismo político y capitalismo racional. Sobre el capitalismo irracional, Weber va a zanjar que “estas formas de capitalismo se orientan hacia el botín, los impuestos, las prebendas oficiales, la usura oficial (cuando el funcionario ha sido financiado por sus empresas, como César por Creso, y luego trata de enjugar sus débitos mediante abusos oficiales) …”[3].

            Cuando Weber denota los efectos del patrimonialismo sobre la economía, salen a relucir características del capitalismo irracional que ilustran nuestro presente capitalismo de compinches. Así, leyendo a Weber in extenso podemos inferir que los efectos del patrimonialismo pueden ser:

b) Con cobertura de necesidades estamental y privilegiada. El desarrollo del mercado está también limitado en este caso, aunque no necesariamente en igual medida, por los perturbadores efectos que ejerce sobre la “capacidad adquisitiva” la utilización natural de los bienes y de la capacidad de rendimiento de las economías singulares en beneficio de los fines de la “asociación de dominación”. O el patrimonialismo puede ser:

c) Monopolista, con cobertura de necesidades en parte con actividades económicas lucrativas, en parte con arbitrios y en parte con tributos. En este caso el desarrollo del mercado se encuentra limitado irracionalmente con más o menos fuerza según el tipo del monopolio; las grandes probabilidades lucrativas están en la mano del dominador y de su cuadro administrativo; y el capitalismo en su desarrollo, por tanto,

α) se ve impedido de modo inmediato en caso de que sea por cuenta propia y completa de la administración, o

β) desviado al terreno del capitalismo político, en caso de que las medidas fiscales consistan en el arriendo de tributos, arriendo o venta de cargos, y sostenimiento capitalista del ejército o la administración[4]

            El neoliberalismo con características patrimonialistas de la Venezuela actual, entonces, parece ser una hibridación de la dominación patrimonialista con cobertura de necesidades estamental y privilegiada y la dominación patrimonialista monopolista. En el primer caso, la “liberalización” económica en marcha siempre estará condicionada a que el desarrollo del mercado se supedite a los intereses de poder y riqueza de la asociación de dominación, a lo que se le suman los efectos perturbadores sobre la capacidad adquisitiva de la apropiación de lo público (Estado) con fines y criterios privados. En el segundo caso, el carácter “monopolista” parece corresponder al lado neoliberal de la ecuación, y el desarrollo del mercado se supedita al control monopólico de la asociación de dominación de las grandes probabilidades lucrativas. Tanto en ambos casos como en su hibridación, los efectos son el capitalismo político y el desarrollo capitalista sometido a los intereses del dominador y sus cuadros administrativos.

            La trayectoria político-económica de la Venezuela posterior a 2016 está determinada por la dialéctica catastrófica entre la dominación sin hegemonía y el capitalismo sin capital. De una sociedad política posada en una crisis de autoridad, hegemonía y legitimidad durante circa una década emergerá el autoritarismo. De un capitalismo rentístico en la fase de crisis terminal de su ciclo de acumulación, brotará el capitalismo de compinches. Estas lentas y profundas transformaciones “por abajo” se expresarán súbitamente “por arriba” cuando en los acontecimientos políticos de 2024 la transición al patrimonialismo tenga un momento sintético. Sobre el capitalismo irracional, Weber va a señalar como coda que se orienta “finalmente hacia los tributos y la resolución de los apuros cotidianos”[5]. ¿Acaso no es este un buen descriptor de la crisis de autoridad, legitimidad y hegemonía que tenemos ante nosotros, un poder concentrado incapaz de resolver los apuros cotidianos? En definitiva, el patrimonialismo es un poder sin proyecto que ejerce abyectamente. En el fondo, nos diría Weber, se trata del sostenimiento capitalista del ejército y los cuadros administrativos, por lo que, de aquellos polvos del capitalismo sin capital estos lodos autoritarios.

Referencias

[1] M. Weber, Economía y Sociedad, 3era edición en español de la primera en alemán, México, Fondo de Cultura Económica, 2014, p. 359-361

[2] F. Braudel, La dinámica del capitalismo, México, Fondo de Cultura Económica, 1986, p. 72-73.

[3] M. Weber, Historia económica general, Madrid, Fondo de Cultura Económica, 1942, p. 282.

[4] M. Weber, Economía y Sociedad, cit., p. 361.

[5] M. Weber, Historia económica general, cit., p. 282.