En estos tiempos en los que de nuevo está de moda acusar a la figura y obra del Comandante Chávez por sus errores, sean estos supuestos o reales, quiero resaltar en este 5 de marzo de 2026 (a trece años de su partida física aquel aciago año 2013) el valor de la verdad en su accionar político. La verdad expresada a través de la responsabilidad asumida por sus actos; la coherencia entre el decir y el hacer; el reconocimiento de sus propios errores, cuando para el común lo más fácil es señalar los de otros; y la sincera enmienda de estos. A lo anterior agregaría que cuando tuvo que hacer virajes tácticos y estratégicos en el rumbo inicialmente trazado, Chávez siempre tuvo la honestidad política de explicar con detalles por qué los hacía, y los asumió ante el pueblo con valentía.
Serían innumerables los ejemplos, se pueden encontrar en muchos de sus discursos. Solo voy a señalar algunos. Comenzando por aquel día en que lo conocimos, 4 de febrero de 1992: “Lamentablemente, por ahora, los objetivos que nos planteamos no fueron logrados en la ciudad capital, es decir, nosotros acá en Caracas no logramos controlar el poder… Y yo, ante el país y ante ustedes, asumo la responsabilidad…”. Luego en las calles y en la campaña electoral de 1998: “Vamos a Constituyente”, y el 2 de febrero de 1999, en lo que sería su primer acto de gobierno, firma el decreto de convocatoria al proceso constituyente, y fuimos a Constituyente.
En abril de 2002 se entregó a los golpistas, sin pensar en salvar su “pellejo”: “Soy un Presidente preso, ustedes verán qué hacen conmigo”. Tras su liberación, con la cruz en la mano, manifestó “que era necesario que todos los sectores del país pusiéramos mayor empeño, toda la buena voluntad que podamos, para poder convivir en paz, aceptando las reglas del juego”.
En 2005 convocó a darle un carácter socialista a la Revolución bolivariana. En la campaña electoral de 2006 dijo: “¡Vamos al socialismo!”, y explicó con detalles por qué ese viraje estratégico, delineó las características de nuestro socialismo, el Socialismo Bolivariano del Siglo XXI, el cual, como insistió hasta sus últimas palabras públicas, tenía que ser “esencialmente democrático” o no lo sería.
En las elecciones de aquel 6 de diciembre de 2006, el Comandante Chávez obtuvo la más alta votación con la cual fue electo. En diciembre de 2007, esperando los resultados del referéndum sobre la reforma constitucional, teniendo noticias de un conteo ajustado, convocó a reunión de la dirección del partido en Miraflores. Le dije en aquella reunión: “Presidente, esperemos el conteo total, y si perdimos, perdimos, pero si ganamos, ganamos. Me respondió con mirada aguda: “Yo no quiero una victoria así, vamos a salir reconocer la derrota ya”. En efecto, así lo hizo.
En septiembre de 2010, obtuvimos la mayoría en la Asamblea Nacional. Sin duda alguna una resonante victoria política. Pero Chávez identificó una señal de alerta: en términos cuantitativos, la diferencia de votos entre chavismo y oposición era mínima. Una vez más, asumió la responsabilidad política. En enero de 2011 publicó las “Líneas Estratégicas de Acción Política”, documento de profundo sentido autocrítico.
Finales de mayo de 2011: “Elías, yo presiento que tengo algo malo”. Junio de 2011, tras los exámenes de rigor, en cadena nacional: “Se han detectado células cancerígenas en mi cuerpo”. Semana Santa de 2012, durante una misa en Barinas, trasmitida en vivo: “Debemos tener conciencia de que tengo una enfermedad que le pone límite a mi vida… Cristo, dame tu cruz”.
La noche del 8 diciembre de 2012, en alocución pública, asoma la posibilidad de no continuar entre nosotros y nosotras, y explica con detalle los procedimientos constitucionales que se debían aplicar si ocurriera su falta absoluta. Ese día, una vez más, decide decirnos la verdad, por más dura que esta fuera:
Algunos compañeros me decían que no hacía falta, o han opinado en estas últimas horas que no hacía falta decir esto. En verdad yo he podido, desde La Habana, decir casi todas las cosas que he dicho esta noche… Pero yo creo que lo más importante, lo que, desde mi alma, desde mi corazón, me dicta la conciencia, lo más importante… ha sido esto, Nicolás. De lo más importante.
“Lo más importante”: decir la verdad, explicar al pueblo la situación, la decisión que había tomado, y los pasos que se debían dar.
Pero esa honestidad política no era solo un valor individual. Era la convicción política de que el pueblo era un sabio colectivo, un cuerpo consciente que sabía entender y sacar sus propias conclusiones sobre las situaciones. Por eso su esmero en mantenerlo informado siempre.
Alguna vez le oí decir: “Hay quienes dicen que al pueblo no hay que hablarle claro, porque luego el adversario agarra esa verdad y la manipula en contra”. Eso, decía Chávez, es pensar que el pueblo es un eunuco mental. El pueblo entiende, la mayor de las veces, más que algunos dirigentes. En Chávez, hablar con la verdad siempre fue una decidida muestra de confianza y respeto hacia el pueblo.
Y “lo más importante” también era dejar claro para la posteridad su convicción sobre el camino democrático de la revolución que había liderado:
En cualquier circunstancia nosotros debemos garantizar la marcha de la Revolución bolivariana, la marcha victoriosa de esta revolución, construyendo la democracia nueva, que aquí está ordenada por el pueblo en Constituyente; construyendo la vía venezolana al socialismo, con amplia participación, en amplias libertades, que se están demostrando una vez más en esta campaña electoral para gobernadores, con candidaturas por aquí y candidaturas por allá. Libertades, plenas libertades.
Con la fuerza de la verdad, de la verdad de su proyecto y de su vida, Chávez logró acumular una fuerza política inmensa a partir de la auctoritas moral que le otorgó no vender simulacros ni eludir nunca las responsabilidades, mucho menos en las derrotas o cuando incurría en errores; esa misma auctoritas que nace no solo de la coherencia entre el decir y el hacer, sino del intentar hacer a pesar de lo difícil de las circunstancias, y del reconocer y explicar cuándo y por qué no es posible lograr determinado objetivo. Con esa manera de hacer política yo me quedo. ¡Con Chávez hasta siempre!
Elías Jaua Milano

