Anotaciones para el porvenir: Derechos laborales para la juventud trabajadora

Foto: Juancho Domínguez (@juanchodominguez12)

Con mis estudiantes universitarios suelo conversar sobre sus condiciones de trabajo. La casi totalidad de ellos y ellas trabaja en franquicias de comida rápida, cadenas de supermercados, de medicamentos, tiendas de ropa, electrodomésticos y otras. Sus historias son alarmantes: más allá de las justas quejas por el salario o ingreso, lo que más les afecta son las jornadas de trabajo de 10 horas diarias y a veces más, cumplidas de pie (se les prohíbe sentarse en algunas cadenas); semanas donde se labora 7 por 7; ausencia de sitios para comer con dignidad; restricciones para ir al sanitario; descuentos del día de salario e ingreso aun cuando la falta al trabajo sea justificada; situaciones de acoso y amenazas, entre muchas otras violaciones a las más elementales normas sobre las condiciones y seguridad en el trabajo y de la dignidad humana.

Esta realidad de mis estudiantes, muchos de ellos y ellas con hijos e hijas, residentes en las periferias de Caracas, es extensible a la de sus compañeros y compañeras de mayor edad en sus sitios de trabajo. Son apenas pinceladas de las consecuencias de una economía desregularizada, de “libre mercado” como la llaman, que está ocasionando graves efectos, aún no visibles del todo, sobre la salud física y mental, y en el terreno de la integración familiar y social de toda una generación, sin que los órganos del Estado competentes para garantizar condiciones laborales humanas, actúen o atiendan y respondan a los reclamos de las víctimas de esta neoesclavitud que está a la vista de todos y todas.

Este diagnóstico que proviene de mis conversaciones en las aulas universitarias ha sido sustentado en estudios de casos realizados por el Observatorio para la Dignidad en el Trabajo y la Juventud Obrera Católica de Venezuela (JOC), demostrando la gravedad de la situación y la urgencia de que las autoridades del Ministerio del Trabajo actúen ante esta máquina trituradora de seres humanos. Les invito a leer sus boletinesi y a ver la conferenciaii que recientemente dictaron en CEDES sobre sus hallazgos.

Los derechos laborales no son caprichos ideológicos, son derechos destinados a garantizar la condición humana de trabajadores y trabajadoras y sus familias en el presente y en el futuro. Por eso son irrenunciables y demandables. Si queremos tener una generación productiva y socialmente integrada en las próximas décadas, debemos cuidar de su salud y de su dignidad. Ahora que se ha convocado a un debate sobre el campo laboral, que además de la justa demanda por la restitución del salario, también sea un tema de primer orden las graves violaciones que se están cometiendo en materia de jornada y condiciones de trabajo.

Que en esa discusión se escuchen todas las voces en los medios de comunicación, no solo de los voceros y voceras de los gremios empresariales y de quienes apoyan sus propuestas de desregulación laboral, como está ocurriendo hasta ahora. Que se abran los micrófonos a la juventud que trabaja y estudia, digna de admirar, apoyar y resguardar; a toda la vocería sindical, académica y de distintas organizaciones laborales. Solo de un debate abierto saldrá una agenda que permita el desarrollo productivo del país, sin menoscabo de los derechos laborales de los venezolanos y venezolanas. Claro que es posible.

Elías Jaua Milano

Caracas, 12 de abril de 2026

i Boletín 1: Situación del trabajo decente y los derechos humanos laborales en Venezuela. Una mirada desde las y los trabajadores. Abril 2025.

Boletín 2: Voces de las y los trabajadores del sector comercio en Venezuela. Una mirada a su realidad y derechos laborales. Septiembre 2025.

Boletín 3: Situación y voces de las y los trabajadores textiles en Venezuela. Aún queda mucha tela que cortar. Enero 2026

ii Situación de los derechos laborales de mujeres y jóvenes del sector comercio en Venezuela. 5 de marzo de 2026.

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