Es la hora de una visión estratégica en América Latina y el Caribe

El nacimiento del fascismo (1936), David Alfaro Siqueiros

La concepción del mundo según Trump

          Es clara la preocupación en el pensamiento político de Donald Trump, así como entre sus seguidores, respecto de la llamada anarquía en las relaciones internacionales que ha generado el proceso de globalización en las últimas cuatro décadas, y una de cuyas consecuencias ha sido la disminución del peso específico de Estados Unidos como potencia hegemónica. Entiéndase anarquía, de acuerdo a la Teoría de las Relaciones Internacionales (Wendt, 2005), como la ausencia de una autoridad reconocida bien sea de hecho, de uno o varios Estados nacionales con poderío militar y económico, o de derecho, mediante organizaciones multilaterales que garanticen un orden internacional.

          Al respecto, el proyecto Hagamos que América vuelva a ser grande (Make America Great Again, MAGA, por sus siglas en inglés) que lidera Trump se inclina por la idea de un poder de facto internacional, donde su nación recupere la supremacía al margen de cualquier condicionamiento del derecho internacional o moral civilizatorio. Esta concepción “expresa un profundo desdén por la idea liberal de Occidente, de su arquitectura internacional y de un mundo basado en reglas” (Nueva Sociedad, 2025), a los cuales acusa del declive de Estados Unidos como potencia.

          No es nueva esta situación, en la que algunos de los llamados países potencias, más allá del derecho internacional, se encarguen de hecho de una suerte de gobierno internacional. Así ocurrió tras el final de la Segunda Guerra Mundial y hasta finales del siglo XX, con las áreas de influencia de los tiempos de la Guerra Fría, distribuidas principalmente entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Todo indica que en la actualidad se pretende una arquitectura internacional bajo la égida de Estados Unidos y Rusia, desde la perspectiva de Trump, no necesariamente compartida en el Kremlin.

          Sin duda que esta estrategia de desconocimiento del multilateralismo, que incluye a sus propios aliados de la OTAN, parte de la premisa de que “al debilitar el orden liberal en sus expresiones doméstica e internacional, mejoran sus condiciones de enfrentamiento con sus rivales estratégicos” (Nueva Sociedad, 2025), especialmente con China: más allá de la batalla comercial en la actual coyuntura, la estrategia definitiva de la nueva élite gobernante instalada en la Casa Blanca parece tener un desarrollo a un mediano plazo, no tan lejano, que le permita al menos disminuir el ritmo de crecimiento de la influencia geoeconómica de la potencia asiática.

En consecuencia, los lineamientos y acciones que viene tomando Donald Trump, desde su segunda juramentación como Presidente de Estados Unidos, en enero de 2025, dan cuenta de un nuevo esquema en la manera de ejercer la supremacía geopolítica a partir de un intento de recuperación del poderío económico interno y de una intimidatoria política internacional mediante el ejercicio del poder duro, dejando atrás “las supuestas responsabilidades globales cuyo costo-beneficio habría sido negativo para el país. Inmigración, proteccionismo, libre-comercio, multilateralismo, seguridad internacional, compromiso con aliados” (Ayerbe, 2019, p. 226), asumidas por la élite liberal que ha gobernado Estados Unidos en las últimas décadas.

          Esta agresiva manera de abordar las relaciones internacionales responde al carácter antagónico que ha alcanzado la lucha que protagonizan las élites económicas y financieras, unas desde las posiciones globalistas y otras en defensa de la producción y de los mercados nacionales en los principales países capitalistas.

La posición trumpista contra la globalización liberal conecta con un creciente público que “se suele considerar perjudicado por la globalización: clases medias y bajas que temen por su futuro económico y clases medias y altas sin miedos económicos, pero sí culturales y sociales” (Ramírez, 2020, p. 66). Estos últimos miedos referidos a la criminalizada agenda “woke”. 

          En este sentido, de acuerdo a la concepción contenida en el proyecto MAGA, las actuales maniobras en el campo diplomático y comercial que dirige Trump, tienen como objetivo la emergencia de nuevo del poderío estadounidense, ya no solo hegemónico, sino como la suprema expresión de los valores de la cultura y del sistema económico y militar de Occidente, donde la Unión Europea y el resto de la OTAN deben subordinarse a esa supremacía o ser dejada al margen de este pretendido nuevo orden internacional. El eslogan “Estados Unidos primero” (America First) sintetiza esa concepción.

Trump contra América Latina y el Caribe (ALC)

          “No los necesitamos. Nos necesitan. Todos nos necesitan”. Esta respuesta de Donald Trump, el 21 de enero de 2025, a la pregunta de una periodista acerca de cómo consideraba las relaciones con América Latina y el Caribe, fue un claro mensaje a los gobiernos de la región: no tienen cartas con qué negociar con su Administración.

          Queda claro que la única relación posible, desde esa posición, es la subordinación incondicional a la estrategia de fortalecimiento interno de la economía y de la seguridad nacional estadounidenses y el sometimiento absoluto a un gobierno internacional de facto.

          De acuerdo a un trabajo de un grupo de analistas internacionales, publicado por el portal Nueva Sociedad, América Latina y el Caribe pudieran ser utilizados como un laboratorio de control para el ejercicio y proyección del “poder duro” de la política de la élite que asumió la Casa Blanca. Para estos analistas: “El mundo MAGA, a través del efecto vértigo, se derrama en las agendas de proteccionismo comercial, securitización, bilateralismos exacerbados y, especialmente, en la reconfiguración del carácter interméstico de las relaciones entre Estados Unidos y América Latina y el Caribe” (Nueva Sociedad, 2025).

          El efecto vértigo, para los referidos panelistas, consiste en una política exterior basada en una avalancha de declaraciones y órdenes ejecutivas (al menos 35 de más de 100 están referidas a países de la región) que toman por sorpresa a los interlocutores, ya sea en materia de migración, lucha contra el crimen, medidas comerciales proteccionistas, o el viaje de enviados presidenciales, por encima del Departamento de Estado (lo que genera fricciones internas necesarias de analizar), para abordar de manera bilateral y personalmente a los gobiernos que identifican como no incondicionales u otros con los cuales tengan un interés particular, ignorando de manera deliberada cualquier agenda o instancia multilateral.

          Los puntos de la agenda en marcha, con la cual se pretende determinar las relaciones  EEUU-ALC, a saber, aranceles, control de la navegación por el Canal de Panamá, contención de la migración y aceptación de las deportaciones forzosas y masivas de migrantes, calificación como terroristas a bandas criminales comunes con la finalidad de justificar operaciones policiales o militares en la región, una nueva etapa de asfixia a Venezuela y Cuba; son apenas el inicio de una escalada de máxima presión a la región, con el fin de lograr el alineamiento mediante un tipo de diplomacia gansteril donde se imponen las condiciones de las relaciones con una pistola en la sien.

          Ahora bien, tras seis meses de gobierno de Trump, es conveniente pasar revista a las acciones concretas tomadas hasta ahora: está en desarrollo un proceso de deportación de migrantes legales e ilegales; imposición de aranceles entre el 10 y el 25 % a los países de la región, incluyendo a sus aliados incondicionales, los gobiernos de Argentina, Ecuador y El Salvador; imposición al gobierno panameño de un incremento de tropas estadounidenses en el Comando Sur y la ruptura de contratos de operación por parte de empresas chinas en algunos puertos dentro de la zona del Canal.

          En el caso de Venezuela, se mantiene en suspenso la licencia de operación de la petrolera estadounidense Chevron, en una especie de acción extorsiva, y se anunciaron aranceles de hasta 25 % adicionales a los ya establecidos para cada país en cualquier parte del mundo que comercialice con hidrocarburos extraídos en Venezuela, afectando directamente los acuerdos con España, Italia, India, China y otros.

          Cuba ha sido reincorporada a la lista de países patrocinadores del terrorismo, acusación falaz y absurda contra un pueblo promotor de la vida y de la paz.

          Entraron en vigencia órdenes ejecutivas que declaran como terroristas a los carteles de la droga de México y a una extinta banda criminal venezolana. Este último caso ha sido utilizado como pretexto para invocar una ley del siglo XVIII sobre enemigos extranjeros y poder expulsar sin juicio previo a los migrantes venezolanos.  

          En el caso de México, se ha solicitado públicamente a la Presidenta Claudia Sheinbaum que permita la entrada de elementos de seguridad para capturar a capos del narcotráfico en territorio mexicano. “Si México quisiera ayuda con los carteles, sería un honor para nosotros entrar y hacerlo. Pudiéramos entrar y hacerlo”, ha relatado Trump que le ha planteado telefónicamente a la digna y valiente presidenta mexicana, la cual le respondió públicamente: “Ustedes en su territorio y nosotros en el nuestro”, según reseñan varios medios internacionales. Actualmente se discute en el Congreso estadounidense una ley, impulsada desde la Casa Blanca, donde se pretende establecer un gravamen de 3,5 % a las remesas desde Estados Unidos hacia México.

          Frente a todo este cuadro, los países de ALC necesitan emprender un camino audaz, desde posiciones serias, dignas y soberanas que les permitan contener la política de extorsión de la Casa Blanca.

          Cabe resaltar que, con tan amplio abanico de políticas de agresión, la propia Administración Trump se desdice acerca de “no necesitar nada de la región”. Esta vertiginosa agenda evidencia que la seguridad nacional, el comercio, la libre navegación, las materias primas y la fuerza de trabajo para el objetivo de desarrollo de una economía endógena, dependen inexorablemente de su relación con los países latinoamericanos y caribeños.

          Siendo claro que Estados Unidos sí necesita a ALC, el esfuerzo principal de la región no puede estar dirigido a congraciarse o a enfrentar a esta Administración y sus políticas, aún de futuro incierto. Necesario es hacer contención y no caer en provocaciones, pero sobre todo la gran tarea de la región es encontrarse consigo misma, con su historia compartida, con sus capacidades, con sus potencialidades, con los esfuerzos de integración autónoma realizados por décadas.  

La oportunidad de América Latina y el Caribe

          Esta nueva etapa de la agresión estadounidense contra América Latina y el Caribe puede suponer una oportunidad para construir una integración o unión con mayor autonomía frente al Imperio. Más allá de las diferencias, más allá de las realidades políticas en cada país, se puede avanzar con pragmatismo en una coordinación de esfuerzos en materia comercial, energética, de abordaje de los complejos temas del narcotráfico y de la violencia criminal, de atención a la migración y de cooperación en materia de seguridad y defensa.

          México, Cuba, Brasil, Venezuela, Colombia y Uruguay parecen ser, a nuestro juicio, los llamados en este momento a motorizar una iniciativa de convocatoria a la mayoría de países latinoamericanos y caribeños que estén dispuestos a sumarse, lo deseable sería en el marco de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), mediante un esfuerzo de cooperación que contribuya a responder a las necesidades de la región, generadas por esta nueva situación, según las capacidades y potencialidades de cada país.

          Esta convocatoria no debe ser presentada como una estrategia de confrontación hacia el gobierno de la Casa Blanca, ni negadora de los esfuerzos que cada país haga para lograr acuerdos soberanos con dicha Administración.

          Esta iniciativa debe proponer una agenda resolutiva en temas como los siguientes: colocación en la región de los excedentes de materias primas y productos agrícolas e industriales que no puedan ser colocados en el mercado estadounidense como consecuencia de la imposición arbitraria de aranceles y otras medidas coercitivas unilaterales; expansión de un mercado energético complementario; esfuerzos conjuntos de producción de bienes necesarios; políticas y un fondo común para atender a la población migrante en el camino de retorno hacia sus países de origen.

          De manera especial, es urgente una coordinación regional contra los flujos de los narcocapitales y de armas provenientes desde Estados Unidos; se debe implementar la cooperación en materia de inteligencia preventiva frente a acciones reales o de falsa bandera por parte de bandas criminales que pudieran constituir pretextos para eventuales operaciones especiales de los órganos de seguridad estadounidenses, bajo la bandera del antiterrorismo, dentro de nuestros países.

          De igual manera, la región debe asumir la defensa diplomática de la propiedad del Canal del pueblo panameño como un asunto de interés común, y ampliar, de manera conjunta, la relación de cooperación económica con los países BRICS, especialmente con China.

          En este sentido, es muy pertinente la propuesta de la Presidenta Claudia Sheinbaum en la IX Cumbre de la CELAC en Honduras de este año 2025, donde expresó: “Les invito, que la CELAC convoque a una «Cumbre por el bienestar económico de América Latina y el Caribe» para hacer realidad una mayor integración económica regional sobre la base de la prosperidad compartida y el respeto a nuestras soberanías”.

          Una iniciativa como la que se plantea contaría con los avances alcanzados en los consejos especializados de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) en materia de políticas públicas sobre ciudadanía suramericana, libre circulación de personas, bienes y capitales, cooperación energética, financiera, en telecomunicaciones, y en seguridad y defensa (Bergasa-Regueiro, 2012).

          Así como proyectos concretos como el Gasoducto del Sur, el Banco del Sur, la red de ferrocarriles, puertos y aeropuertos, el mapa de navegación fluvial, el “Manual de cooperación para asistencia mutua frente a desastres naturales”, el mapa de las capacidades productivas regionales de producción de medicamentos, la Red suramericana de investigación para el desarrollo tecnológico,  el marco conceptual para políticas sociales, el acuerdo constitutivo del Centro de Solución de Controversias en Materia de Inversiones de UNASUR,  entre otros (MPPRE, 2024).

          Tampoco se puede dejar de revisar la experiencia de logros concretos, en el marco de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), obra de los comandantes revolucionarios Fidel Castro y Hugo Chávez, en materia social, agroalimentaria y energética.  Esta última en el marco de PETROCARIBE, experiencia de comercialización de petróleo con financiamiento a pagar en moneda y en bienes y servicios. 

          Una iniciativa relevante de ALBA fue el Sistema Único de Compensación Regional (SUCRE), una divisa virtual con la cual se realizaron 5657 operaciones comerciales entre los países de la Alianza, entre el año 2010 y el 2015, por un monto de 2007 millones Sucre, equivalentes a 2509 millones de dólares (MPPRE, 2024).

          Es una realidad que actualmente las condiciones económicas de la mayoría de los Estados de la región no son las mejores y que hay diferencias entre los países llamados a motorizar este esfuerzo común, algunas insalvables relativas a los modelos políticos adoptados. Sin embargo, el bien superior de la soberanía, el desarrollo económico y la seguridad de nuestros países se impone en esta coyuntura inédita.

          Hay que deponer actitudes de todas las partes, desmontar los llamados irritantes que hoy tensan las relaciones entre los países. Es la hora de una visión estratégica para sortear esta agresiva etapa de la política estadounidense hacia ALC.

          Nunca antes los temores sobre el pretendido dominio absoluto de Estados Unidos han sido tan ciertos, pero también es cierto que nunca antes en la historia se había avanzado tanto en mecanismos y propuestas de integración, sin la tutela estadounidense, como ocurrió en las primeras dos décadas de este siglo XXI. Solo se requiere voluntad para actuar juntos como región y este momento constituye una gran oportunidad para despejar un horizonte estratégico.

          Si se actúa como bloque, se pudieran aprovechar las contradicciones que Trump ha abierto con sus aliados europeos y encontrar puntos de coincidencias con las corrientes democráticas de estos países, incluso dentro del propio Estados Unidos. América Latina y el Caribe tiene que construir un camino hacia el resto del mundo, que le permita salir airosa de la amenaza que supone este reordenamiento mundial al cual nos intentan llevar arreados.

La izquierda frente al reordenamiento imperialista

          Más allá de los gobiernos, la izquierda militante tiene que ser convocante de una gran alianza democrática internacional. Hay que tomarse en serio la insurgencia de la llamada “derecha alternativa” en sus distintas variantes y comprender que, a pesar de que conservan la esencia racista y supremacista de los fascismos del siglo XX, hoy tienen una concepción más elaborada, un discurso muy afinado, tomado del llamado sentido común de la población, y también cuentan con el uso sistemático y eficaz de las tecnologías de información y comunicación. Por tanto, no deben ser desestimadas en ninguna parte del mundo.

          Sin embargo, nuestra opción no puede ser la defensa de la globalización capitalista neoliberal frente al nacional-capitalismo de algunas variantes de la llamada “derecha alternativa”. Ninguna de las dos concepciones del desarrollo del capitalismo mundial son positivas para la humanidad, en tanto que las dos, con distintos matices, han servido para degradar la condición humana y el medio natural al que pertenecemos.

          Hoy la izquierda tiene que volver sobre su esencia, la lucha contra la explotación capitalista y contra cualquier forma de dominación, alienación o injusticia contra el ser humano donde y como quiera que se exprese. Hay que seguir luchando por la alborada de una humanidad que sea humana, donde los pueblos sean libres y puedan vivir en igualdad, con justicia y dignidad. Esa es nuestra tarea.

Conclusión

          Las relaciones internacionales que emergieron tras las guerras mundiales, a través de la Carta de las Naciones Unidas y los diversos tratados y convenios destinados a preservar la paz, el comercio, la defensa y garantía de los derechos humanos, la regulación de la guerra, la imposición de sanciones a las naciones que atentaran contra la paz, la seguridad mundial y el derecho internacional humanitario; y de instituciones como el Consejo de Seguridad, la Comisión de Derechos Humanos, la Corte Internacional de Justicia, el Tribunal Internacional de Justicia, la Organización Mundial de Comercio, suponían formalmente la existencia de un “tercero independiente” que debería garantizar el funcionamiento en conjunto de los Estados dentro de un sistema internacional. 

          El incumplimiento y desconocimiento de esa normativa e institucionalidad por parte de los Estados nacionales y la omisión o, peor aún, el doble rasero de los organismos internacionales a la hora de sancionar a los actores infractores, ha dejado a los mismos sin la capacidad de reducir y controlar los conflictos.

          Ni siquiera los Estados nacionales con poderío económico, militar y cultural logran hegemonizar hoy las relaciones internacionales. Tras los telones de la globalización, y cada día más, poderes de facto actúan como manos que mueven las piezas del ajedrez geopolítico y geoeconómico. Frente a esa desregulación y esos poderes a la sombra, pretende justificarse la estrategia “Estados Unidos Primero” que enarbola Donald Trump.

          América Latina y el Caribe debe integrarse con base en sus principios e intereses para sortear esta etapa de un mundo sin reglas, a partir de procesos de integración que no desdibujen a los Estados nacionales, sino que por el contrario los fortalezcan. Es la gran oportunidad de abrir un camino autónomo y novedoso en medio de las contradicciones de las principales élites capitalistas del mundo.

* Ponencia presentada en la VI Conferencia de Estudios sobre Estados Unidos y Procesos Hemisféricos de la Universidad de La Habana, del 28 al 30 de mayo de 2025.

Referencias bibliográficas

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Carr, D. (2005): “La crisis de los veinte años (1919-1939). Introducción al estudio de las relaciones internacionales”. En: Revista de Humanidades. Universidad Nacional Andrés Bello, Santiago de Chile, No. 12. Disponible en: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=321276456008

Morton, K. (sf): Sistemas y procesos en la política internacional, en: Teoría sobre las Relaciones Internacionales. Nueva York.

Ramírez Nárdiz, A. (2020): “Aproximación al pensamiento político de Donald Trump: ¿es el presidente de Estados Unidos populista?”. En: Revista Española de Ciencia Política. No. 52: 59-83. Disponible en: https://doi.org/10.21308/recp.52.03

Waltz, K. (1977): Teoría Internacional Política. Editorial Reading, Massachusetts. Universidad de California, Berkeley,

Wendt, A. (2005): “La anarquía es lo que los estados hacen de ella. La construcción social de la política de poder”. En: Revista Académica de Relaciones Internacionales. GERI–UAM. No. 1. Disponible en: www.relacionesinternacionales.info

Otras fuentes:

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Gobierno de México (2025): Invita Presidenta de México a realizar “Cumbre por el bienestar económico de América Latina y el Caribe” en IX Cumbre de la CELAC”. Disponible en: https://www.gob.mx/presidencia/prensa/invita-presidenta-de-mexico-a-realizar-cumbre-por-el-bienestar-economico-de-america-latina-y-el-caribe-en-ix-cumbre-de-la-celac#:~:text=La%20Presidenta%20de%20M%C3%A9xico%2C%20Claudia,los%20pueblos%2C%20esto%20durante%20la

 

Ministerio del Poder Popular para Relaciones Exteriores de Venezuela (2024): Datos recopilados de los informes de diversas cumbres presidenciales de UNASUR, ALBA y PETROCARIBE. 

Nueva Sociedad, varios autores (2025): Trump y América Latina y el Caribe: ¿un laboratorio de control? Disponible en: https://www.nuso.org/documento/trump-y-america-latina-y-el-caribe-un-laboratorio-de-control/

Primera Plana France 24 (2025): Los 100 días de Trump y su impacto en América Latina. Disponible en: https://youtu.be/_jfeCbqM7U4?si=N9RoiI12vUb3RUbL

Político (2025): Trump: ‘We don’t need’ Latin America. Disponible en:  https://www.politico.com/live-updates/2025/01/17/congress/trumps-tough-latam-talk-00199560

WOLA, Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (2025) Las órdenes ejecutivas de Trump y América Latina: aspectos clave que hay que saber. Disponible en: https://www.wola.org/analysis/trumps-executive-orders-and-latin-america-key-things-to-know/

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