
En estos últimos días hemos visto a las dirigencias, las que son visibilizadas por los medios nacionales e internacionales e interesadamente reconocidas de manera exclusiva por diversos actores políticos internacionales, disputarse la escena política, apuntaladas todas en sus plataformas de sistemas de algoritmos. Lo hacen con la misma soberbia con la que llevaron a Venezuela a perder su condición de Estado independiente, con la misma insensibilidad que les hace anteponer su sórdida lucha por el poder a los intereses de la población, aunque este poder hoy esté reducido a la gobernación colonial que les ofrece Trump.
Todas esas dirigencias hablan afirmativamente de lo mismo: acatamiento del plan de las tres fases que impone la administración Trump, justificación u ocultamiento de la expoliación de nuestros recursos petroleros y mineros, apertura de los mercados a la inversión y los excedentes de producción agrícola y otros productos de Estados Unidos, así como de la desregulación de las condiciones laborales (seguridad social, antigüedad en el régimen de jubilaciones, adecuación legal a las situaciones de hecho como la sobrejornada de trabajo, especialmente en el sector de trabajadores jóvenes, y de otras formas de explotación), con la promesa de una Venezuela próspera. ¿Próspera para quién, para cuántos?
Si bien es cierto que una mayoría de la población hastiada del conflicto y materialmente empobrecida por este, apuesta con justicia a una superación de esta situación de cualquier manera, no es menos cierto que crece una conciencia en importantes sectores de la sociedad acerca de que la agenda positiva compartida por las dirigencias, de la cual oyen hablar todos los días en radio, televisión y medios digitales, no necesariamente es compatible con nuestros intereses como Nación, como clase trabajadora, como pequeños y medianos industriales o comerciantes, como campesinos, como productores agrícolas, como pescadores, como estudiantes.
Màs allá de las candilejas, estamos observando y leyendo una creciente opinión en contra del robo de nuestro patrimonio nacional por parte de la plutocracia de Trump; hemos presenciado el reclamo en las calles de trabajadores y trabajadoras en defensa de los derechos laborales, de estudiantes por mejores condiciones de estudios, de productores de arroz demandando el cese de las importaciones, entre otras protestas por servicios, contra el abuso policial y más. Hay sujetos sociales que no se ven incluidos en la “promesa” de la prosperidad tutelada que se corea desde la clase política.
Esa parte de la población “no ve alternativa”, como es común escuchar en la calle, sin darse cuenta que ellos y ellas están construyendo una alternativa desde cada opinión o reclamo que hacen, desde cada lucha que libran. Desde allí van forjando una conciencia sobre la importancia de volver a ser una Nación independiente, de ser un pueblo con derecho a tener derechos laborales, sociales, económicos y políticos.
Ese importante porcentaje de la población no está en comunión con ninguna de las organizaciones y propuestas políticas visibles, pero todavía no es consciente de que en sí misma es portadora de una agenda de recuperación de la soberanía económica y política de la Nación, de defensa de los derechos laborales, sociales y económicos establecidos en la Constitución, de un escenario democrático plural, donde no haya consensos forzados contrarios al interés general.
Esa alternativa que se va forjando desde la necesidad de tener una vida digna como Nación, como pueblo, como familia, trasciende liderazgos personalistas y cálculos electorales, la misma se proyecta hacia un horizonte de mediano plazo, con forma orgánica que se hará sentir con peso político específico en los escenarios por venir.
Ahora mismo no es claro verla, hay que enfocar la mirada y aguzar el oído para apreciar cómo está fluyendo el agua mansa de la cual nos habló Alfredo Maneiro, ese gran pensador y político venezolano. El pueblo no se inmola, pero lucha por sí mismo para su bienestar, por su dignidad, y en ese proceso construye instrumentos políticos que sean útiles a sus intereses. Siempre ha sido así, será así. Aquí se respira lucha.
Elías Jaua Milano
Caracas, 1 de noviembre de 2026

